Mostrando entradas con la etiqueta Las regresiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las regresiones. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de octubre de 2014

Antes de nacer y… después de morir


Todos tenemos algún ser querido, más allá. Ha muerto y ya no es visible para nuestros ojos. Simplemente se ha desprendido del cuerpo. Ha sufrido una metamorfosis. “La vida desde el punto de vista biológico es una metamorfosis, una transformación perenne, que se concluye con la muerte… una metamorfosis en la que el hombre madura en lo definitivo, y se hace maduro para ser definitivo” (J. Ratzinger, Múnich, 10 de agosto de 1978, La Razón, 20-X-2014). Vivir es aprender a desvivirse poco a poco, hasta perder la vida.

Quien “pasa” a un estado nuevo, se transforma o se transfigura. No deja la historia de su vida, porque no es un actor teatral que sale de la escena en que representó su papel. Su cuerpo como si fuera un vestido, se desprende. Ya no lo necesita. Sigue vivo, pero ahora más profundo, sin las ataduras espaciotemporales. Libre, con las alas nuevas, con todo lo bueno, con la sencillez desnuda, con la energía adquirida y el corazón de luz entre las manos. Viendo con ese corazón lo que los ojos no podían ver; su vida a plena luz. 

            Posiblemente, en ese “paso” la Humanidad entera alcanza un hito de su potencial. Es un paso de la vida por la experiencia de la muerte para seguir su vida. La vida no muere. Hay vida antes y después de morir. Morir no es un fin. Nos lleva, sí. El mar aguarda. Y el fuego.

       Además existe una interconexión en el universo, más evidente que la ley de la gravedad. Todo está interconectado, y todos estamos interconectados, camino de la esencia inmaterial donde surge la vida y donde todo es atraído. Bien total. Pura energía.

           El abandono del cuerpo, por la muerte es un paso natural a otra dimensión. Es como subir el peldaño de la escalera y entrar por la puerta del piso de arriba. Lo normal es que sea un acto de entrega, de amor, o de transformación como la oruga que se transforma en mariposa. Es un paso hacia la paz. Así lo decimos o deseamos: “que descanse en paz”.

          A veces ni lo pensamos, ni hablamos. No nos gusta pensar en nuestra vida y en “el paso” por la puerta de la muerte. Aceptamos costumbres ajenas, por pura diversión o para ridiculizarlo (como Halloween). Pero cada uno, antes o después, debe atravesar esa puerta invisible. El miedo no suele dejar vivir, o arroja sombras en nuestro camino. Dar pasos confiados es “ir haciendo camino”. El Sol está ahí siempre, aunque haya nubes y dudas, pérdidas y ausencias. El tiempo es una pausa, hasta que amanece.

          Quisiera esbozar un tema del que no se suele hablar. Al morir, quienes se queden aquí dejan de ver a quien vivía en este cuerpo, que iba a nuestro lado, aquí y ahora. Entró en otra dimensión o ¿se acaba todo? En el libro “Muchos cuerpos una misma alma” del mismo autor que “Muchas vidas muchos maestros” se indica que si hemos vivido vidas anteriores, tal vez tengamos entonces que vivir vidas futuras. ¿Por qué nadie habla de eso?

          La transformación en profundidad, o la transfiguración hacia la luz, la bondad, la felicidad y la paz, tal vez no es automática. Quiero decir que acaso se hace con nuestra colaboración responsable, en el aquí y ahora. ¿Aprendimos lo que había que aprender? Tal vez no se trata de repetir curso, aunque seguramente lo que hagamos o dejemos de hacer en esta vida influirá en las reencarnaciones futuras, en el camino de evolución hacia la total inmortalidad. La perfección mayor es un regalo siempre, para quien la buscó sin miedo.

          Independiente de lo que crean quienes creen (los creyentes) y respetando lo que digan, ¿nada se puede o se debe aprender cuando se llega al piso de arriba que está más iluminado? ¿Se alcanza la meta al dejar el cuerpo que ahora conocemos? ¿No hay allá, más disyuntiva, que el gozo o el castigo? ¿Nadie de allá ayuda o se comunica con los de acá? ¿Es lo mismo la experiencia del rico que la de pobre, la del esclavo que la del ser libre, la del enfermo que la del sano, la del hombre que la de la mujer? ¿Es igual y se aprende lo mismo con un cuerpo con esas connotaciones y esa sensibilidad que con las contrarias? ¿Da lo mismo todo? ¿Qué sabe de todo nadie?

          Tal vez, porque este verano he podido recorrer la Alsacia en Francia, desde Estrasburgo, y pasar a Alemania hasta la Selva Negra, me viene ahora a la memoria algo que leí hace algún tiempo y que ha sucedido en esos bosques, hace 700 años. A mí me hizo pensar.

          Todos los días, se producen curaciones físicas, emocionales y espirituales. Sabemos que hay personas que han pasado por situaciones “cercanas” a la muerte, y no murieron. Conocen “algo” del “más allá”. Su vida cambia o se hace más profunda. 

          Hoy sabemos que se utiliza la “regresión” en forma de ayuda curativa. Los especialistas constatan que hay un “poder sanador de los recuerdos de vidas anteriores”. Por simple deducción, cualquiera puede entender que “si hay vidas anteriores” es porque hay “vidas posteriores”. La pregunta clave: ¿es la misma vida, aunque el cuerpo físico sea distinto, o el género, o el color, o la raza, o el lugar, o la edad? El alma no tiene edad, ni sexo, ni color ni ocupa espacio alguno. Luego, imposible no sería. 

          Pongo pues el ejemplo que cualquiera puede leer. Una mujer estadounidense joven, con problemas de visión, visita a una prestigiosa oftalmóloga. Ésta le dice: “Solo hay una catarata”. “No es de ningún modo congénita, sino resultado de un trauma”.

          Esa joven, trabajaba en un hospital. Es hija de Brian Weiss, prestigioso psicoanalista, especialista en la terapia de regresiones a vidas anteriores, autor de los libros citados. El sabe que su hija nunca ha tenido trauma alguno. Por eso, un día organizó un curso de regresión para todos los empleados del hospital. La regresión fue una sorpresa para ella, según cuenta:

           “Con gran sorpresa mía, de inmediato me vi como un hombre viejo en la Edad Media, quizás en el siglo XIV. Sabía que me hallaba en los bosque de Alemania o Francia…vivía en lo profundo de la espesura… me llamaba “Althrimus” o “Althrymus”, tenía unos cincuenta o sesenta años. La pequeña choza en que vivía era circular y tenía tejado de paja… Me aventuraba en el bosque a diario, recogiendo piedras, hierbas y hojas…me llamaban “brujo”… pero un término más adecuado habría sido “naturista”. Vivía solo y me comunicaba poco con las personas. Mi hogar era el bosque y allí era feliz…Sin embargo la gente del pueblo, pensando que no me traía nada bueno entre manos, acudió con antorchas y quemó todo lo que había alrededor y dentro de mi casa…Yo me hallaba dentro de la choza, por lo que tuve que huir de ellos…No obstante antes de escapar, el fuego me había dejado irreparablemente ciego…Yo veía al hombre de pie ante mí, bajándose los parpados inferiores para mostrarme los ojos, cubiertos de una película de un blanco lechoso. El era yo, naturalmente, pero contemplado desde una perspectiva del siglo XXI de nuestra alma…Los ojos de Althrimus habían quedado físicamente empañados debido al fuego; los míos habían quedado físicamente empañados por el hecho de ser Althrimus. Él jamás se libró de esa profunda tristeza, ni siquiera después de morir, ni siquiera tras reencarnarse en el cuerpo que habito yo ahora”.

“Seis años y medio después de mi primer diagnóstico, fui a hacerme otro examen ocular de ajuste de graduación y me dijeron que ya no tenía cataratas”. 

          “Cuando unos tres años después de la regresión en el hospital me saqué el título de hipnosis, aprendí a hipnotizarme a mí misma. Un día tuve ganas de comprobar si era capaz, en un trance auto inducido, de volver a visitar a Althrimus y hablar con él. Y eso hice. Nos encontramos en su pequeña choza quemada. Nos sentamos y le puse al día de lo ocurrido en los últimos setecientos años. Le hablé de lo que él y yo habíamos hecho… El y yo aún seguimos aprendiendo a ver el mundo con claridad…me da la impresión de que los dos coincidimos en que estamos preparados para quitarnos las nubes de los ojos” (Amy Weiss),

        El padre de Amy, Brian, ( en la foto con su hija) comenta seguidamente el hecho: “Quitar a las personas su dicha y su felicidad es una acción horrenda. Cuidarlas y ayudarlas a alcanzar la paz y el bienestar, es una acción divina. “Amy” es la esencia espiritual, o el alma, que conecta sus distintas vidas… es la esencia ininterrumpida y eterna… Por eso al final de su vida Althrimus no murió realmente. Su cuerpo sí, pero él sigue existiendo y en el siglo XX se reencarnó en Amy. Reconocernos como alma, no cuerpo, cambia el modo en que percibimos nuestra muerte, así como la de los seres queridos, pues estamos reconectándonos siempre en espíritu y en la Tierra” (Los milagros existen, p 184-187). 

           ¿Puede tener vida un ser humano después de 700 ó 2.000 años? Sí, absolutamente. Eso debería cambiar la perspectiva del ser humano. La muerte no es el final. La pérdida y el dolor no son definitivos. La vida que tenemos ahora y lo que hacemos aquí, cuenta. Sabemos muy poco o casi nada del más allá.
PUBLICADO EN EL HERALDO DEL HENARES: 26-10-2014: http://www.elheraldodelhenares.es/pag/noticia.php?cual=23163  ; BITÁCORA DE BELMONTE EN CIVICA: 27-10-2014:http://www.investigadoresyprofesionales.org/drupal/content/antes-de-nacer-y%E2%80%A6-despu%C3%A9s-de-morir

martes, 5 de noviembre de 2013

Pasar a otra dimensión: no es dejar de vivir

Se comercia con la muerte. Compañías de Seguros, Funerarias, Floristerías, Marmolerías, Tiendas de Disfraces, Discotecas etc., todo vale. ¿La muerte es un negocio?

Aprovechan estos días para hacer balance y dar una rueda de prensa convocada por el grupo de servicios funerarios Funespaña ante la próxima celebración del Día de Todos los Santos y de los Difuntos. Las Funerarias destacan que hay menos entierros, porque han aumentado las incineraciones. También se quejan de la mordida del gobierno: "No entendemos por qué un servicio básico y esencial tiene que estar gravado como una joyería", ha afirmado el secretario general de la Asociación Nacional de Empresas Funerarias (PANASEF) Carlos Hurtado.

Alguna aseguradora ha visto la posibilidad de incrementar su cuenta de resultados, ofreciendo sin escrúpulos, el adelantamiento de la muerte para algunos inocentes, al amparo de la Ley Aído.  Así Mapfre Familiar, oferta, abortos gratis  en sus pólizas  de Salud Familiar Opción y Media Salud Opción, que “cubre hospitalización obstétrica que cubre la interrupción del embarazo en régimen de hospitalización”.

          Pero en estas fechas, celebramos otro aniversario ya que el 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín, el muro que separaba dos mundos, el occidental y el comunista. La caída del muro fue, una puerta a la esperanza, a la libertad y al respeto a los derechos humanos.

          Sin embargo siguen en pie otros muros, a veces sutiles, a veces invisibles, siempre separadores y difícilmente franqueables. Muros mentales, culturales y económicos entre seres humanos, pero también en el interior del ser humano. Tal vez el mayor sea el que alzamos entre la vida y la muerte. El miedo y desconocimiento lo sostienen. Ese muro, agobia a unos y aterra a otros.

          Quiero romper una lanza por la vida. Romper el muro mental de la muerte. Decir al menos, lo que pienso. No descubriremos al hombre totalmente mientras no caiga ese último muro.

          El adiós no es para siempre. Sentir el dolor de una despedida, es normal. Como dice mi amigo Antonio de Miguel refiriéndose a la despedida de un compañero de trabajo: “todas las despedidas son diferentes; no solo porque cada uno de nosotros seamos diferentes, sino porque el grado en que nos comprometemos afectivamente con algo o con alguien, es también diferente”.

          Si por afecto o por lazo familiar  hay que despedirse de un ser querido, el dolor es normal. La expresión de dolor también. Demuestra que no somos insensibles. Es bueno el desahogo. Pero algunos prolongan y convierten el “duelo lógico” en “duelo patológico”,  bien porque no están preparados para reencauzar su vida sin la presencia física del ser que acaba de pasar a otra dimensión, o por el trauma de revertir la muerte hacia sí mismos: “memento mori”. “Recuerda que vas a morir”, o simplemente: “recuerda que eres hombre”.

          Y es que las tradiciones culturales pesan mucho, porque vienen de siglos: “Ars longa, vita brevis”. Esta cita del griego Hipócrates (460-377 a C) “el arte es duradero pero la vida es breve”, no ha sido bien entendida. Originalmente parece indicar que cualquier arte o ciencia requieren mucho esfuerzo y dedicación, pero la vida de quien lo intenta, es corta.

          La brevedad solo es aplicable a la dimensión corporal que conocemos actualmente.  Pero somos  más que nuestro cuerpo, espirituales, somos atemporales, buscadores de luz.

          Por eso, la muerte no puede ni debe imponer su ley en los humanos. Nos  encontramos aquí y ahora porque estamos, literalmente, encarnados en este cuerpo para aprender. Gracias a la vida, somos espíritus humanos, o espíritus encarnados. Por la dimensión corporal entramos en el espacio y en el tiempo. En este cuerpo viviremos un tiempo limitado. El tiempo que el reloj de nuestro organismo biológico determina. Pero tenemos la otra dimensión y lo olvidamos.

          Nuestro tiempo real, no se mide en minutos, ni horas, ni años, o al menos no únicamente, sino en lecciones, que tenemos que aprender. El cuerpo cambia, crece y se deteriora biológicamente, pero el espíritu siempre es joven. Es igual en el niño, en el adulto o el anciano.
          La tierra es nuestra escuela. Todos somos maestros y todos aprendices. Las lecciones fundamentales, bondad, no violencia, compasión, y sobre todo el amor, las aprendemos gracias a la convivencia.

          El cuerpo tiene importancia, pero relativa, igual que el género, el color, la salud y la belleza. El científico Stephen W. Hawking,  afectado por una grave esclerosis que lo mantiene paralizado dijo, no hace mucho, gracias a su ordenador: “Algunos de nosotros hemos perdido la capacidad de usar parte de nuestros cuerpos. Eso no tiene importancia. Lo verdaderamente importante es que conservamos el espíritu humano, la capacidad de crear…Cada uno de nosotros lleva  dentro de sí una chispa de fuego, una fuerza creadora”.

          De eso se trata, aunque sabemos que hay personas creyentes, personas escépticas y otras ateas. Nuestra constitución esencial no la cambia las creencias. Nuestra misión y nuestro destino aquí, tampoco. Esa chispa de fuego, vida de nuestra vida, esa fuerza creadora, es  lo que nos hace infinitos en busca de infinito. Es la raíz de la inmortalidad.

          La muerte no es el final del camino, es el final de ésta etapa concreta. No es el final de la vida. Por absurdo que parezca,”La vida es el camino que nos lleva hacia nosotros mismos”. Y puede tener “dos caras: la alegría y la pena. Pero por cualquiera de las dos hay que darle las gracias… Siempre nos da lo que necesitamos: ahora un riesgo, ahora pobreza, ahora un éxito, o una ilusión o un desengaño...o un adiós” (A. Gala).  Y el adiós de la muerte, también.

          De todo hay que aprender. Podemos ayudarnos mutuamente. Morir es fácil. Lo difícil es vivir con un propósito, intentando ayudar y aprender. Las necesidades más profundas,  satisfechas las biológicas, son búsqueda y esfuerzo personal e interior hacia la verdad. Por ahí se encuentran la paz y la felicidad. La lección fundamental: el fin de una etapa no es el fin del corredor ni el fin de la vida; es un paso a otro nivel. La gota de rocío cuando cae al agua, no deja de ser lo que fue. Siempre fue agua.

          Tal vez hemos vivido  aquí antes y tal vez volvamos a reencarnarnos. “ La reencarnación ocurre porque tenemos que aprender lecciones sobre aspectos como el amor, la compasión, la caridad, la no violencia, la paz interior y la paciencia…sin embargo, ciertas almas muy evolucionadas eligen reencarnarse de una forma voluntaria para ayudar y enseñar a los demás” (B Weiss, Espejos del tiempo, p.89).

          Conocemos poco del mundo de los vivos que atraviesan el muro y pasan al “más allá”.  No porque no existan los vivos y el más allá. En el mundo actual, incluso el científico, parece estar “despojado del alma y de la conciencia”, como dijo el maestro José Luis Pinillos. Sin embargo cada vez más los psiquiatras, gracias a la meditación o a la hipnosis nos ayudan a descubrir el pasado, y también el futuro. Hay muchas personas que descubren sus vidas pasadas.  También relatan los encuentros con sus seres queridos, en otra dimensión y encuentran una gran paz.

          Algunos, desean la llegada de la vida futura, como forma de plenitud: “Vivo con la esperanza de que, si no en esta vida, en alguna otra podré abrazar con amor a toda la humanidad” (M. Gandhi).

         Los estudiosos de las situaciones cercanas a la muerte, descubren una dimensión que está ahí. El prestigioso físico Victor Stenger, escribía en Newsweek que” Únicamente por el hecho de que algún científico no pueda probar racionalmente nada desde el mundo de los vivos, no significa que tras la muerte acabe la existencia. Simplemente, tendremos que aceptar el hecho de que hay evidencias que al no poder cuantificar, tendemos a negar, y esta postura tampoco es científica”.

         “Somos la suma de nuestras experiencias, perfeccionada por nuestra sabiduría intuitiva y nuestra conciencia en evolución… hemos vivido y conocido las creencias y culturas de países de todos los rincones del planeta…la mente es capaz de saber más cosas a un nivel  que va más allá de los cinco sentidos tradicionales”(B.Weiss).

        Se ha escrito mucho últimamente de esos conocimientos y esas experiencias de regresiones que trasmiten vivencias, capaces de abrir a otra dimensión, incluso son curativas o sanadoras.

      Otro médico, el Dr. Eben Alexander, prestigioso neurocirujano estadounidense, luego de haber vivido en 2008 una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM), asegura haber viajado al “más allá”. Y lo cuenta en su libro  Life beyond death (Vida más allá de muerte).  “No soy la primera persona en tener evidencia de que la conciencia existe más allá del cuerpo (que estaba en observación al minuto durante los siete días de coma en el hospital) vi una multitud de seres trasparentes y brillantes, seres avanzados, formas superiores, diferentes a todo lo que he conocido en este planeta…la alegría de estos seres era tan grande que no pudiendo contenerla se hacía música, pero palpable  como una lluvia que puedes sentir en tu piel, pero no cala”.  http://teatrevesadespertar.wordpress.com/2012/10/30/eben-alexander-el-doctor-que-regreso-de-la-muerte/

          La publicación de la experiencia vivida por el Dr. Alexander en la revista Newsweek del mes de Octubre, también relata todos los detalles. Sea o no la Prueba del cielo (Proof of Heaven).  No dejan a nadie indiferente. Se abre un interesante campo de estudio y opinión. Descubrir algo de esto, parece más positivo que la banalidad de Halloween.

Puede ver la entrevista al Dr. Eben Alexander:
http://www.youtube.com/watch?v=P1RWOKdC8zw

PUBLICADO EN:EL HERALDO DEL HENARES, Blog La Tangente, 05-11-2013:  http://www.elheraldodelhenares.es/pag/noticia.php?cual=19260; BITACORA DE BELMONTE  en CiViCa, 06-11-2013: http://www.investigadoresyprofesionales.org/drupal/content/pasar-otra-dimensi%C3%B3n-no-es-dejar-de-vivir.



sábado, 22 de junio de 2013

La muerte ni es el final… ni la meta (y 3)

          ¿Muere un gusano de seda cuando se transforma en mariposa? ¿Para qué sirve el tiempo? ¿Necesita  el niño reloj? ¿Y una sonrisa y unos brazos? El observador del parque ¿puede llegar a descubrir el corazón de quien pasea?
          Seguro que no. En todo caso, la intención del escritor es interrogar, investigar hasta donde se pueda y, si es posible, sacar una lección. Nunca, cuestionar creencias de nadie, ni apariencias, y menos, sentar cátedra de nada.
          Hecha la aclaración anterior, quiero afirmar igualmente, que mi intención es contar sin cobardía lo que pueda encontrar por experiencia o en los libros.  Lo que diga, o deje que otros digan, puede no ser “políticamente correcto”. Pensar es un deber, polemizar, no. Escalar la montaña de la verdad sí, hasta donde el oxígeno alcance. Aunque haya otra montaña más allá.

          La materia de qué estamos hechos es visible, está claro. Ella nos mete de cabeza en el mundo y en el tiempo. Pero el tiempo son latidos humanos de un ser que ha comenzado su existencia visible en un momento, pero  tiene un alma. El alma que es vida, es anterior al cuerpo en que se encarna.  También es anterior al género, a la raza y a las creencias políticas o religiosas de los padres que aportan los genes. Es anterior como digo, y también, posterior.

          En nuestra sociedad, la dimensión anímica, espiritual del ser humano, se ignora en general o, está devaluada. No se le da la importancia que merece ni en la escuela, ni en la sociedad ni en la familia. Sin embargo, la ignorancia no es buena ni para vivir ni para morir.

          “Comamos y bebamos”  decían y algunos siguen diciendo, como si nunca tuviéramos que morir, como si nada de lo que hacemos tuviera consecuencias futuras, como si la muerte fuera el fin de todo. Pero la muerte no es el fin y eso lo cambia todo. Hay que descubrir la fuente de la dignidad humana.  Cuando se descubre y se acepta “la auténtica naturaleza y el verdadero propósito su vida se irá transformando de forma permanente, y entonces podrá empezar a cambiar el mundo”. www.youtube.com/watch?v=QZQDHZvYMwY

            Cada vez más gentes se sienten atraídas e investigan esa dimensión. De hecho son muchos los escritores  y los investigadores que hablan abiertamente de temas del alma y del más allá. Uno de los más eruditos pensadores, Moshe Chain Luzzatto, en su libro  The Way of God: “Una sola alma puede reencarnarse varias veces en diferentes cuerpos y, de esta manera, rectificar el daño hecho en encarnaciones previas. De modo similar, también  puede alcanzar la perfección que no alcanzó  en encarnaciones anteriores”.
           Raymond  Moody, Kenneth Ring, Elizsabeth KüblerRoss, Melvin Morse,  Peter Weiss y su esposa Barbra Horn,  y otros muchos como Brian Weiss, hablan de la vida que no acaba con la muerte.  Pueden encontrarse algunos libros de las experiencias curativas y humanas de éste célebre psiquiatra estadounidense como: Muchas vidas muchos maestros, Lazos de amor,  Los mensajes de los sabios,  Sólo el amor es real, Espejos del tiempo, Meditación, Muchos cuerpos una misma alma, Los milagros existen. El poder sanador de los recuerdos de vidas anteriores, A través del tiempo, o la web www.brianweiss.com.

            En su libro A través del tiempo  dice: “Entrevistando a pacientes y efectuando regresiones a vidas pasadas, he descubierto que no es raro entre quienes sufren una muerte súbita  y violenta aferrarse al plano terrestre y pasar un tiempo confundidos, como en el limbo. No obstante, a su debido tiempo hallan el camino hacia la maravillosa luz  y la presencia espiritual de un guía o un amor universal; entonces continúan hacia adelante…Significa que continuamos creciendo aún después de la muerte”. Tal vez aún estamos lejos de la meta.

          Hablar del más allá, no sería posible, si no lo contaran personas que han pasado por una experiencia de cuasi-muerte o por una “regresión hipnótica”. Los escépticos y los críticos dirán que entrar en el terreno del alma, o en el más allá es pura fantasía. Pero que un ser vivo actual, de alguna forma, contacte con alguien que le ha precedido, encuentra curación, paz, y nuevo sentido a su vida, es otra cosa bien distinta de la fantasía.

          Impactante, parece la curación por hipnosis, que cuenta Weiss de  Philip, técnico informático, que había perdido a sus hijos, una niña y un varón de 3 y 4 años, por un defecto congénito, del que (él y su mujer) se sentían responsables y llenos de pesar. En trance profundo Philip, “contó que se encontraba en una pradera alpina…De pronto vio que sus hijos se le acercaban, algo mayores en edad. Corrieron hacia él y bailaron a su alrededor, riendo y cantando. Luego se le unieron los padres de Philip, ambos fallecidos, y también su abuelo materno, con quien había mantenido una relación muy estrecha”.

          “Primero los niños, luego los padres y el abuelo, se acercaron  a cogerle las manos. Philip describió  el contacto con sus hijos: lo real de la sensación, y el vigor con que apretaban, lo mucho que habían crecido y lo fuertes que se les veía. Mirándolo a los ojos, todos se comunicaron profundamente con él. Le dijeron que lo amaban. Que no debía preocuparse, porque todo estaba bien, porque ellos estaban bien y eran felices en esa pradera y en esa dimensión. La alegría brillaba en sus ojos y en sus sonrisas… Ello le permitió desprenderse de la culpa, el dolor y la indefensión que le agobiaban desde hacía tantos años.  Obtuvo una comprensión de la inmortalidad del alma… y  su vida cobraría un renovado sentido” (pp 164-165).

          Este tipo de “contactos”, brindan una esperanza de volverse a ver en el futuro. La muerte no es el fin. El alma sigue ahí, como en un principio. Para muchos parece un  axioma que alma y cuerpo comienzan a existir al mismo tiempo, y de forma simultánea. No es verdad. Tampoco que dejen de existir al mismo tiempo. Cuando comenzamos a vivir en este mundo, una parte de nosotros, “el alma” ya existía.

          Se ha venido afirmando, que los padres han escogido al hijo/a para que viva en su familia y perpetuarla. Pero, gracias a las regresiones a las vidas pasadas, o a las progresiones a vidas futuras, suele hablarse de que, el alma escoge ese cuerpo de esos padres para llegar al mundo. Si el alma preexiste, puede ser ella quien escoja a los papás para que la ayuden a crecer a su lado.

          Vistos los lazos de cariño desde esta perspectiva serían incluso más fuertes de lo que imaginábamos ya que no escogen sino son escogidos, o ambas cosas. Y la dignidad y responsabilidad hacia esa nueva criatura también tiene un sentido nuevo. El niño se vincula a los padres desde siempre y para siempre, viva 100 años o muera abortado  en la semana que sea antes de nacer. Puede morir antes o después, pero no deja de existir, ni desaparece. Pasa a existir en un estado nuevo. 
        
          Incluso puede ser que padres e hijos hayan compartido existencia anteriormente. También es posible que se vuelvan a reencontrar. Porque no lo olvidemos: venimos a aprender y crecer. Y ello suele estar en función del trato y del comportamiento con los demás. “Es cierto que nos reencarnamos hasta que aprendamos nuestras lecciones y pasamos al siguiente peldaño”.

          Según las terapias de regresión, podemos haber muerto varias veces y volver a encontrarnos en el camino  del crecimiento y de la perfección. Podemos volver a encontrarnos con esos seres queridos, pero no obligatoriamente en el mismo género, ni en la misma relación familiar que se da en la vida presente. “Padre e hija pueden reencontrarse como amigos, como hermanos o como abuelo y nieto. Pese a todo, las almas continúan reuniéndose una y otra vez... la parte del ser que existe aquí es, con toda probabilidad, sólo un fragmento del espíritu eterno”.

          Evidentemente, cuanto más  profunda y generosamente se viva, más se acercará a la energía, a la paz, a la sabiduría, a la luz especial; más profundamente podrá descubrir nuestra esencia y la esencia de todo: el amor. Por muchos caminos, todos vamos a un mismo sitio, a fundirnos con la Energía,  la Iluminación y el Amor.
          “El amor es la energía más básica y dominante que existe. Es la esencia de nuestro ser y de nuestro universo. El amor es el componente fundamental de la naturaleza que conecta y une a todas las cosas, a todas las personas. El amor es más que un objetivo, más que un combustible, más que un ideal. El amor es nuestra naturaleza- Es nuestra esencia” (p. 14 Los mensajes de los sabios).

          Cada uno puede llenarlo como quiera o prefiera. La realidad no varía. Esa Luz y ese Energía, esa Paz, esa Sabiduría, tienen nombre si se quiere o es innombrable. Acoge a todos, adultos o niños.  Pero los niños que después de verlo vuelven de un estado de casi muerte, siguen siendo más espontáneos.
 
          Llevaron a un niño con 3 años y medio, a una representación religiosa en el cole. Y el niño saltó y dijo “Ese no es Jesús. Yo vi a Jesús cuando me morí. Al explicarse el niño  dijo que había visto un túnel, con “un mundo de luz” en el otro extremo “donde podía correr a saltar con Dios”.
          Niños y adultos, de los que se habla en cientos de miles de experiencias, pierden su miedo a la muerte, muchas veces se curan, y encuentran en este mundo un propósito nuevo que les hace felices. “Apreciar y respetar la belleza y la dignidad innatas en todo el mundo, porque todos somos almas, todos tenemos la misma sustancia”.

          Las religiones todas, son útiles para la humanidad. La compasión que es amor que transforma tiene que llegar a todos, incluso a quien nos hace mal. Cada una a su manera, dispone de un potencial para ayudar a las personas y mejorar el mundo.

          W. Shakespeare dijo que "Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser". Ya me gustaría que supiéramos siquiera lo que somos. No lo sabemos. Ni en el plano físico ni en el interior. Resulta que ni siquiera sabemos todo sobre el cuerpo humano. Investigadores de la Universidad de Nottingham acaban de descubrir una nueva parte del cuerpo humano de la que nunca antes se había tenido indicios ni en estudios científicos ni en análisis médicos, y la  teníamos ante los ojos. En la misma córnea. La córnea solo tenía hasta ahora 5 capas conocidas. Ya sabemos que hay una más. La Universidad de Navarra hablando de los Descubrimientos más recientes tiene una introducción titulada “El ser humano: ese gran misterio”.

          ¿Puede extrañarnos, entonces,  que sepamos tan poco sobre el alma? Si no sabemos siquiera lo que somos. Lo que podemos ser…lo iremos descubriendo, escuchando el corazón. La ceguera mayor es mental. Alguien que alguna vez estuvo allá y volvió, ha dicho: “jamás he vuelto a sentir el amor, la paz y la divinidad de mi luz. No hay nada comparable en el mundo físico. La echo de menos”.
PUBLICADO EN LA ESFERA DIGITAL, BLOG A FAVOR DE LOS VALIENTES, 22-06-2013: 
http://www.laesferadigital.es/blogs/a-favor-de-los-valientes/912-la-muerte-ni-es-el-final-ni-la-meta-y-3.html;
BITACORA DE BELMONTE EN CiViCa, 23-06-2013 http://www.investigadoresyprofesionales.org/drupal/content/la-muerte-ni-es-el-final%E2%80%A6-ni-la-meta-y-3.EL HERALDO DEL HENARES, BlOG:  LA TANTEGENTE, 28-06-2013: http://www.elheraldodelhenares.es/pag/noticia.php?cual=17928.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Descubrir el ser… y conocerse.

En una sociedad en crisis de valores, es difícil hablar de lo que no preocupa, aunque sea necesario. A una sociedad, que por motivos diferentes tiene que salir o vive en la calle, es difícil decirle que el mundo interior es importante. A una sociedad que prolonga el día hasta altas horas de la noche, y sólo descansa cuando se cae rendida, es difícil hablarle de lo que no puede verse. El secreto es muy simple: “sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos (El Principito, A Saint Exupery). En la  mentalidad actual, individualista y “dominada por la lógica de la eficiencia y del beneficio”, es difícil hacer entender- como dijo Benedicto XVI-, que se puede vivir en otra onda distinta a la “lógica del beneficio y del tener… que es la de la gratitud y del amor”.  Sin embargo, hay que intentarlo. Puede resultar chocante, pero es de valientes decir lo que hay que decir. Hasta puede  resultar esclarecedor.
     El desconcierto en la sociedad se produce porque algo difícil de controlar y de asumir, bombardea diariamente desde los periódicos, desde la radio o las televisiones. “Hay que haber aprendido  mucho para darte cuenta del tamaño de tu ignorancia”. Tal vez, sin que estemos preparados, se plantean cuestiones importantes o fundamentales,  que pueden desconcertar al público. De hecho  en noviembre, una televisión, que sigue mucha gente, acaba de hacer en directo y públicamente en el plató, “una regresión” parapsicológica, en hora de máxima audiencia. La regresión se apoya en la hipnosis para hacer que una persona recuerde acontecimientos de su supuesto pasado o de vidas pasadas. Mediante ella se puede "volver" a sentir las emociones de esa supuesta vida pasada (alegría, dolor, hambre, etc.) y ayudar a mejorar de enfermedades, superar algunos temores o explicar ciertas fobias. La ayuda profesional es importante, para conocernos a nosotros mismos, y para afrontar y mejorar de cara al futuro, siempre que no se banalice o se mercantilice. Puede hacernos caer en la cuenta de que un enfoque multidimensional es siempre enriquecedor: al involucrar vidas pasadas y futuras, vivencias y relaciones familiares. El inconsciente puede ayudarnos a entender secretos de la vida y la relación anímico-corporal. También y sobre todo, la dimensión de trascendencia y la percepción del futuro.
       Parto de ese hecho televisivo, para mi reflexión. Eso no es un juego. Como decía al principio, vivimos tan pendientes de la imagen, de nosotros, del dinero, del trabajo, de las cosas materiales e incluso del cuerpo, que a veces se nos escapa lo esencial, “lo que es invisible a los ojos”. Tal vez tenemos éxito pero no somos felices. Y lo que es aún peor: se nos pasan los días y la vida sin darnos cuenta, sin haber tenido ni el tiempo ni el silencio necesarios, para entrar en nosotros mismos; ignorando nuestro “hemisferio derecho” y sin entrar en contacto con lo espiritual. Pero somos espíritu; o  como diría Séneca somos parte  divina o tenemos “un dios hospedado en el cuerpo humano” (deum in corpore humano hospitantem, Cartas, 31.11). El alma es la parte divina encarnada. Es la que nos vivifica y nos hace personas. Esto debería hacernos reflexionar: Primero, porque no estamos solos; Segundo, porque lo que ya somos es fundamental; Tercero, porque estamos aquí formando parte inseparable de los demás; Cuarto, porque nuestra razón de ser aquí es crecer; y Quinto, porque antes o después nos vamos a encontrar en otra dimensión.
     Primero: “Al parecer no estamos solos en el universo”. Es decir, hay mucha más vida que seres humanos. La vida misma es más profunda de lo que creemos y más maravillosa de lo que experimentamos. Y la muerte no es el fin de nada para los humanos, sino el cambio de nivel; como el nacer, supuso un comienzo terrestre.
    Es verdad que algunos pueden no saberlo o lo niegan;  pero los grandes pensadores, los sabios en general, los líderes religiosos y los más prestigiosos  psiquiatras, llegan a afirmar que “más allá de nuestra dimensión física, el mundo “oculto” parece que se encuentra habitado por toda una serie de espíritus de distintos desarrollos y capacidades. Algunos han evolucionado mucho y otros poco.  Algunos han vivido vidas físicas en la Tierra y están entre existencias. Otros, ya han “terminado” y no tienen que regresar, a no ser que quieran hacerlo, para ayudar a la humanidad. Y aún hay  otro grupo que no se ha encarnado en nuestro mundo físico y nos ayuda desde el otro lado. Da igual que les llamemos espíritus, ángeles o guías”(Los mensajes de los sabios, Brian Weiss).
      Segundo: Ser lo que somos y desde el principio, es un derecho fundamental e intrínseco a todo ser humano. Lo ontológico, la esencia de nuestro ser, que es amor, es anterior al mismo Derecho. Es el núcleo de la energía más básica y potente, la más fuerte, más poderosa e indestructible. La Asociación de Investigadores y Profesionales por la vida, acaba de aprobar en noviembre una Declaración  sobre la Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida, que por supuesto la comparto en  CíViCa, Ciencia, Vida y Cultura. “Manifiesta: que la dignidad es un valor intrínseco de todo ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural,  que se ha de reconocer siempre, con independencia del estado de desarrollo, edad, salud o grado de dependencia. El derecho a la vida es un derecho humano fundamental y anterior a cualquier otro derecho, por lo que en un sistema democrático, fundado en la afirmación de los derechos fundamentales, no se puede legitimar la negación del valor de la vida de un ser humano, sin entrar en una profunda contradicción con el bien del individuo y el bien común”. Se puede acabar con la existencia de un embrión, un feto, un bebé, un niño o un adulto, pero nadie puede acabar con su alma. El cuerpo es únicamente la dimensión terrena y temporal. El alma continúa. Nuestra actitud con ese ser tiene consecuencias. “Las consecuencias de  la violencia se transmiten a las vidas posteriores”.
     Tercero: La dignidad, la belleza, el respeto  la empatía, y la conexión con todos y cada uno de los otros seres humanos nacen de esa ontología de nuestro ser; del alma que tenemos, por la que vamos en camino y que nos lleva hacia un mismo destino. Esa vitalidad o esa energía  nos anima (literalmente), nos mueve, y nos prolonga más allá de los límites del espacio y del tiempo.
      Por unas razones o por otras, no estamos lejos de esa otra dimensión, o vivimos ya en ella. Los más recientes en llegar a la tierra, tienen la luz, el contacto y la experiencia del otro lado. “Los bebés y los niños suelen ser conscientes de los espíritus y las energías del amor que hay a nuestro alrededor… Los adultos tendemos a no creerles o a atribuir sus observaciones o percepciones al campo de la imaginación o de la fantasía. Y sin embargo las cosas que ven u oyen suelen ser muy reales”.
      Cuarto: Nosotros mismos, adultos, durante la vida, en numerosas ocasiones, experimentamos “algo especial”: llámense “voces”,  sincronías o hechos, llamadas de atención, avisos, que no se explican en parámetros normales. Parecen casuales y por eso, podemos pasarlos por alto o no darles demasiada importancia. Nos distraemos en seguida y “pasamos” prestando atención a otras cosas. Lo olvidamos, pero han sucedido y tienen su razón de ser. Nada es azar. Cada uno sabe de esos “momentos fuertes” que, con sólo recordarlos le recorre un escalofrío interior. Deberíamos ser un poco más conscientes, porque mientras estemos aquí tenemos un propósito y está en función de los demás. Tenemos que irnos transformando mediante el amor, la paz activa, la generosidad, las cosas bien hechas para beneficio de los demás. En la medida que crecemos, podremos ir cambiando el mundo. Sacar lo mejor de nosotros para hacer algo por alguien. Ello implicará desactivar el ego, el egoísmo, los miedos, los prejuicios, la avaricia etc.  Si no aprendemos la  doble lección, positiva y la negativa, es posible que  tengamos que repetir curso. Independiente de las creencias de cada uno, absolutamente respetables, muchos autores hoy día lo afirman. B. Weiss, eminente  psiquiatra norteamericano, que ha realizado más de tres mil regresiones dice: “yo creo que es cierto que nos reencarnamos hasta que aprendamos nuestras lecciones y pasamos al siguiente peldaño… existen considerables pruebas históricas y médicas de que la reencarnación es una realidad”. El alma no muere, pero al entrar en otra dimensión, si no está preparada, puede tener que volver y escoger otro cuerpo. Al parecer algo de eso se manifestó en la “regresión” televisiva, a que antes aludía.
     Quinto: “La muerte es la experiencia culminante del vivir a la que tarde o temprano todos tenemos que enfrentarnos y para la que tenemos que estar preparados”.   El "yo" o ego es una entidad falsa que hemos creado al identificándonos con las formas, posesiones, logros, personas, sucesos y demás cosas no permanentes. Cuanto más fuerte es la identificación con el “ego”, más miedo tendremos a la muerte física -nuestra o de los nuestros-. Y por el contrario, en la medida que abandonamos el ego, nace la confianza en que la muerte es un paso necesario para descubrir certera e infaliblemente que “somos almas eternas, no simples cuerpos individuales. No llegamos a morir nunca, simplemente cambiamos de nivel de conciencia” (Krishnamurti). Es un error lamentable, “adelantar o acelerar” el momento de la muerte de nadie. Es una vivencia personal e irrepetible que tiene que ver con la vida pasada, vivencias familiares,  relaciones con los demás así como con la percepción del futuro y la dimensión de trascendencia. La familia y la sociedad deben ayudar.
     El objetivo principal de los cuidados paliativos al final de la vida debe ser aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida, teniendo en cuenta su aspecto físico, mental y espiritual y también su entorno familiar y sociocultural.  “La muerte no nos roba los seres amados” (François Mauriac escritor francés  (1905-1970).  Llegará el momento en el que encontraremos a los seres que queremos. Es más, volveremos a estar juntos una y otra vez. Eso debe alejar cualquier miedo o tristeza, ante la muerte (ante su muerte, o ante la muerte nuestra). “El aprendizaje  no termina con la muerte del cuerpo” (B.W). Por eso, se puede integrar la muerte en la existencia actual; y percibir el “paso al otro lado” como la dinámica de la plenitud. La mariposa es un ejemplo.  El proceso de iluminación o de aproximación a la luz, a la energía debe ir siempre en aumento, hasta que terminen de caer o diluirse las últimas barreras de la mente y se abra todo el ser a la claridad sin límite, al gozo del amor sin fin.
Sé que estas cosas no están en la escala de prioridades de muchos. No importa. No hay que callar. El arte de vivir y de morir debe aprenderse, si se descubre “lo esencial”.
PUBLICADO en EL HERALDO DEL HENARES, Blog LA TANGENTE, 23-11-2012:  http://www.elheraldodelhenares.es/pag/noticia.php?cual=15453; LA ESFERA DIGITAL, Blog A FAVOR DE LOS VALIENTES: 23-11-2012, http://www.laesferadigital.es/blogs/a-favor-de-los-valientes/847-descubrir-el-ser-y-conocerse.html; BITACORA DE BELMONTE en CiViCa, 25-11-2012:http://www.investigadoresyprofesionales.org/drupal/content/descubrir-el-ser%E2%80%A6-y-conocerse;



jueves, 27 de octubre de 2011

¿Y si no fuera el fin?


Cuando las calles y colegios de muchos países se llenan de calabazas festivas de Halloween, se pueda ir contra corriente, y decir que la vida es importante. Cuando se celebra en occidente el día de todos los santos y se llenan los cementerios de gente, para honrar a sus difuntos llevando flores y recuerdos, tal vez sea un buen momento para aprender que, ni la muerte ni la vida, son un juego.

Creyentes, ateos y agnósticos, tal vez nos estamos equivocando en la forma de vivir en el estado físico actual. Si la muerte no fuera el fin, es posible que nuestro enfoque tendría que variar y poner el acento sobre la vida. Pasado, presente y futuro, son un todo en cada ser humano. El feto, el niño, el joven, el anciano y el ser que vive después de haber pasado por la muerte, es el mismo, tiene la misma alma. Somos eternos. La muerte no es suficientemente fuerte para aniquilarnos. El camino que recorre el ser humano, alma y cuerpo, suele medirse en términos espacio- temporales: horas, días, meses, años. Acaso la “edad” nos equivoca al entender ese periodo como “vida”.

Pero, si el alma no muere, no es totalmente cierto. Sería más exacto denominarlo “vida corporal”, “vida física”, “vida temporal” o “vida actual”, del ser humano. Ese período es muy importante. También lo es la actitud; más aún, es fundamental para la etapa posterior. En consecuencia, también lo es la actitud ante la muerte. Ayuda a eliminar los miedos y recorrer el camino en la verdad, el compromiso y la autenticidad.

La vida de todos y de cada uno, no es perecedera y está interconectada. Las actitudes cuentan. Si la muerte no es el fin, se podrían eliminar la tendencia “materialistas”, que “genera una desesperanza individual, que a la larga se convierte en desesperanza colectiva” (M. Conde). Debemos descubrir al hombre, cuerpo y alma y ”dotar nuevamente de contenido humanista a nuestros proyectos colectivos”. Comprometernos y luchar, codo con codo, para transformar y hacer un mundo en el que todos puedan progresar y ser felices. Sería “vivir con y para” los demás, de forma universal y a ritmo planetario y eterno. Lo comentaba con una extraordinaria persona peruana, y me respondía: “Cierto, pero ahora vamos hacia el camino de encuentro con uno mismo. La verdad no te la puede decir nadie, la Verdad está dentro de ti. Sentimos que caminamos cuando nos encontramos con nuestra divinidad”. El encuentro con uno mismo y con los demás son convergentes.

John E. Mack, ganador del premio Pulitzer y catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, ha dicho: “todo lo que percibimos a nuestro alrededor está conectado mediante resonancias, físicas y no físicas, que pueden lograr que la justicia y el amor universales sean algo más que una simple fantasía utópica. El quid de esa posibilidad es lo que en el mundo laico occidental ha dado en llamarse estados de conciencia ´no comunes`, algo que las grandes tradiciones religiosas del mundo denominan de formas muy diversas, como sentimiento religioso primario, unidad mística, conexión con la esencia del ser o amor universal”.

Según cuentan quienes han vivido una experiencia de “cuasi-muerte”, al dar ese paso, se dirigen hacia la luz y la paz. En un instante flotan y repasan toda su vida. Unirse con la luz, con la energía, con el karma, con el amor universal, con dios (como cada uno lo entienda), no puede ser un simple paso del tiempo biológico. Parece demasiado pretencioso entrar en la luz sin otro equipaje que los años. Algo positivo tendremos que aprender y realizar “aquí y ahora”. “El futuro, sea cercano o lejano, puede retroalimentar el presente, para ayudarnos ahora a elegir mejor y decidir mejor”. Y enseñar a otros a hacerlo. ¡Nadie puede ir sólo!

Estamos acostumbrados a escuchar que:”cada uno cosecha lo que ha sembrado”, o que, “los estudiantes que no aprovechan el tiempo estarán obligados a repetir”. ¿Y nosotros para qué estamos aquí? Parece elemental que “si hacemos mejores acciones nos veremos recompensados en las recolecciones futuras” (B.W). Y si no hemos progresado adecuadamente tal vez tengamos que repetir y seguir aprendiendo.

Los psicólogos y sobre todo los psiquiatras, además de los libros especiales y las personas religiosas, nos ayudan a descubrir al ser humano en general y en particular el alma. ¿Puede extrañar que en sus sesiones de “regresión”, puedan descubrir que hemos podido vivir en épocas pasadas? Las “progresiones” pueden descubrir también vidas futuras. Brian Weiss, autor de “Muchas vidas muchos maestros”, “Muchos cuerpos, una misma alma”, narra en su libro “A través del tiempo” el caso de una persona, que en estado de hipnosis afirmaba: “Los Espíritus Maestros me han dicho que he vivido ochenta y seis veces en el estado físico”. El mismo autor reconoce haber vivido varias.

Si la muerte no es el fin porque el alma es eterna, ¿hay alguna dificultad para que sea así? No discuto ni pongo en duda las creencias o convicciones de nadie. Planteo la pregunta sin otra pretensión que ser libre ¿no sería eso descubrir que la verdadera crisis es la interior y no la económica? Repetir, está relacionado con el aprendizaje, no con el castigo. El ciclo de violencia y egoísmo debe ser roto cuanto antes, poniendo en su lugar amor y perdón. Tenemos una eternidad por delante.
PUBLICADO en EL HERALDO DEL HENARES, [28-10-11 17:00] - ¿Y si no fuera el fin?; La Esfera Digital, Blog A FAVOR DE LOS VALIENTES, 30-10-2011 http://www.laesferadigital.com/component/option,com_jb2/PostID,337/lang,es/view,post/
Bitácora de BELMONTE en CiViCa: 30-10-2011http://www.investigadoresyprofesionales.org/drupal/content/%C2%BFy-si-no-fuera-el-fin, NUEVA ALCARRIA, 1-11-2011; EL DIA, 2-11-2011.REVISTA UTOPIA, noviembre 2011, reseña en Diciembre n.XXVIII.