viernes, 9 de octubre de 2009

ES MUY DURO FIRMAR UNA ORDEN DE EJECUCIÓN Según el ministro de Justicia nipón




El ministro Eisuke Mori, ha añadido, en su entrevista a EFE que “en realidad será más duro para la persona encargada de las ejecuciones”, es decir, para el o los verdugos. Es un tema de actualidad porque se han hecho eco casi todos los periódicos.
Y aunque en Japón se esté mayoritariamente a favor de la pena de muerte, quiere con sus palabras poner de relieve que en la sociedad, “todos” se den cuenta de la importancia de las decisiones.
A mi que soy un admirador de esa gran nación me parecen muy importantes y oportunas las reflexiones del Sr. Mori. Y creo que tienen transcendencia no sólo para su pueblo, sino para cualquier pueblo.
Las palabras y las acciones de un ministro son importantes a nivel personal pero también tienen su repercusión en la sociedad. No sólo a nivel mediático.
Hoy, en nuestro país, ¿quién no recuerda lo que ha dicho la ministra de Igualdad, sobre si es vida humana o no el feto que crece en el vientre materno?. Es "un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tienen ninguna base científica". Si ha armado tanto revuelo es porque “todos” creemos en la importancia de las palabras y las decisiones de una Ministra. El profesor C. Rodríguez Braun dice que “ oír a Bibiana Aido, ministra del gobierno de España, proclamar que un feto no es un ser humano es cualquier cosa menos tranquilizador”. Y lo afirma porque “la historia del totalitarismo es la historia de la negación de los seres humanos”. Se exterminó a seis millones de personas, porque primero se les declaró “subhombres”.
No tengo ninguna duda, para creer al ministro japonés, cuando dice que : “es muy duro firmar una orden de ejecución”. Tiene que ser tremendo. No quisiera estar en su lugar, ni en el de nadie que asuma esa responsabilidad. Desconozco si en Japón existe la “objeción de conciencia”. Ahora bien, tanto en el país asiático como en cualquier otro del planeta, lo que lleva de dificultad la firma y el cargo de ministro, va en el sueldo.
Por las circunstancias que sean, es cierto que gracias a una firma voluntaria, consciente, y libre, se realizan en este país oficialmente, más de 112.000 abortos anuales. Es más, la palabra aborto, se ha escamoteado y deliberadamente se deja de utilizar para parecer algo más inofensivo. Estas firmas de mujeres gestantes, tienen que ser verdaderamente terribles. Esa firma tiene su repercusión sobre el ser que late en sus entrañas y en la sociedad. El aborto elimina a un inocente que ellas llevan pero ellas no actúan sobre él directamente.
Quiero decir que esa firma tan difícil y tan dura es un “mandato” a terceras personas, y el ministro japonés, Mori, se apresura a decir que “en realidad será más duro para la persona encargada de las ejecuciones “.
Esa firma tiene otras implicaciones. Se trata de las personas que tienen que llevarlas a la práctica. En el caso de la firma para interrumpir el embarazo, se trata de los médicos y enfermeras. Ni los gobiernos, ni los legisladores, ni quien estampa la firma son “ejecutores”. Son esas terceras personas, cooperantes necesarios, para llevar acabo el trabajo sucio. ¿Se les va a permitir objetar?. Deberían, porque alguno puede no estar de acuerdo. Pero es cierto, una firma tiene su repercusión en quien ejecuta, y en la vida que se interrumpe, o se destruye para interrumpirla. No parece según el ministro Mori que debamos levantar un monumento a los “verdugos” de la ley. ¿En los abortos al doctor Morín?.

Es muy duro. Lo dice, un ministro japonés, cuya firma puede conducir en su país, a un ser humano a la horca. A mi, simplemente pensarlo, me produce pavor. Pienso que firmar una orden de ejecución, en cualquier país, debe ser tremendo. Si se tratara de firmar la muerte de su propio hijo, tiene que ser para recibir ayuda psicológica. El síndrome post-aborto es algo de lo que se debería informar.
PUBLICADO en NUEVA ALCARRIA el 26 de mayo de 2009

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